Explorar el Valle Sagrado de los Incas con explora
Noticias
febrero 28, 2018

Explorar el Valle Sagrado de los Incas y descubrir sus secretos

por Mary Glenn

“Los incas fueron la civilización más importante de Sudamérica. Conquistaron casi todo el continente. Construyeron grandes obras arquitectónicas. Creían en Inti, dios del Sol en quechua”, son algunas de las frases que se leen en los libros de historia y que escuché en el tour a Cusco y Machu Picchu que hice antes de llegar a explora. Antes de descubrir lo que yace más allá de lo que el turismo convencional nos enseña. Al parecer, no bastaba con visitar los imperdibles para dimensionar la riqueza de esta civilización y evidenciar que este valle fue el escenario principal de su apogeo.

Sitio arqueológico Moray

Mi base para explorar el Valle Sagrado de los Incas

Ubicado a 2.850 metros sobre el nivel del mar -a 600 metros bajo la altura de Cusco y a solo 32 kilómetros de esta ciudad- el Valle Sagrado de los Incas se abre paso entre enormes montañas, alimentándose del río Urubamba o Vilcanota que da vida a los valles más fértiles de Perú. Ahí, emplazado en una de las haciendas más remotas, está lo que fue mi centro de exploración por unos días: explora Valle Sagrado, un hotel construido como una base desde la cual explorar algunos de los rincones más desconocidos de este destino acompañado por guías expertos, entre caminos donde solo transitan pastores y el quechua es la lengua madre.

A las pocas horas de haber llegado, uno de los guías me preguntó si era la primera vez que visitaba estas tierras y al escuchar mi respuesta, me propuso exploraciones en las tres zonas geográficas que explora define como imprescindibles para realmente empaparse de este destino: el valle, la meseta y las cumbres. Conocería lugares nuevos para mí y volvería a otros para explorarlos -según aseguró el guía- “desde otra perspectiva”. En el mapa me enseñó lagunas desconocidas, me contó que hacia el norte había un glaciar y que en el valle hay vestigios arqueológicos cuyos orígenes siguen siendo un misterio. También me mostró algunos sitios como Moray y las Salineras de Maras.

Combinar lo clásico con lo poco convencional

El primer día decidí que iría a Moray, uno de los sitios más emblemáticos del valle. Sin embargo, el guía me anticipó que no llegaría ni me iría del lugar como lo hace la mayoría de las personas que lo visitan: en bus o van. El día anterior ya me habían preguntado si andaba en bicicleta.

Lo primero que hicimos fue salir de explora en van hacia el punto de partida de nuestra caminata: una comunidad agrícola en las colinas. Comenzamos caminando entre casas y estrechas calles de barro, seguimos a través de un bosque y luego continuamos descendiendo por campos con vistas a Moray. Desde las alturas, podíamos ver la perfección de cada una de sus terrazas circulares. Mientras caminábamos, nuestro guía Bruno nos explicó la historia de este sitio arqueológico y las teorías de su funcionamiento. Así, cuando llegamos a Moray pudimos recorrerlo con calma y libremente.

Al salir, Bruno nos estaba esperando con bicicletas para comenzar la segunda parte de nuestra aventura: pedalear colina abajo por la Cuesta del Sapo, una exploración accesible para todos los que estábamos ahí: una familia con niños de 10 y 12 años y mi marido y yo, los dos bordeando los 55.  Antes eso sí, fuimos a almorzar a los pies de un árbol, rodeados de campos con miles de pequeñas flores amarillas y violetas. Excelente escenario para comer y descansar. Una mesa con un mantel, sillas plegables y un buffet que incluía sopa de zapallo, trucha ahumada con alcaparras, una ensalada de mote que es un grano típico de esta región con queso blanco y energy balls, entre otras cosas.

Comenzamos pedaleando con verdes montañas en el horizonte y fuimos descendiendo por la cuesta hasta llegar al río Urubamba, cuyo cauce fuimos siguiendo en bicicleta entre plantaciones y casas, desde las cuales las familias se asomaban para saludarnos, hasta que llegamos a la van. Ahí, nos esperaban con unos merecidos snacks y nos llevaron de regreso al hotel. ¡Un primer día emocionante!

Ir por más

El día antes de volver y después de tres días de distintos tipos de exploraciones, me atreví a hacer “La Verónica”, una caminata a más de 4.400 metros sobre el nivel del mar. Mi marido prefirió quedarse disfrutando de la piscina y el spa.

Salimos en van hacia las montañas y subimos por una larga cuesta en cuyas laderas se pueden divisar pequeñas casas, vestigios arqueológicos abandonados y caídas de agua. A medida que íbamos subiendo, daba la impresión de que estábamos llegando a las nubes. Cuando nos bajamos de la van, la neblina cubría la mayor parte de las montañas. Comenzamos a caminar y subimos hasta un lugar con vistas al nevado La Verónica que se asomaba entre las nubes. Desde ahí comenzamos a bajar, primero por un bosque que alberga diferentes especies de aves y después por planicies con un tipo de vegetación baja, propia de esta altitud, siempre rodeados por la ladera de las montañas. Seguimos por ahí un buen rato hasta que almorzamos a orillas de un riachuelo y luego continuamos bajando hasta la van.

Nevado La Verónica

Durante este recorrido, nos cruzamos solo con dos personas: una niña que pastoreaba sus ovejas y el dueño de la única casa que vimos, ambos solo hablaban quechua. Por suerte Rubén -mi guía- intercambió algunas palabras con ellos y pudimos conocer un poco de su historia.

Ya de regreso en el hotel mientras me tomaba un último pisco sour, le contaba a mi marido cómo me había sentido. ¡No estaba contenta… estaba realmente feliz! Había conseguido hacer esa caminata. Sin duda, requería mayor esfuerzo que otras que hice, pero había hecho algo único.

El diseño de cada uno de los recorridos que proponen es un arte fuera de lo común y único en su estilo. Esa propuesta es justamente lo que hace de este hotel, algo que va mucho más allá de las cuatro paredes de una habitación.

La sensación de transitar por caminos locales entre paisajes donde la inmensidad de las praderas se pierde en las montañas y las montañas parecen alcanzar el cielo, le da sentido a dejar de lado lo tradicional y aventurarse con los secretos de Valle Sagrado. Esa experiencia es sin lugar a dudas una invitación para volver, para seguir descubriendo, para ir por más.

Cotizar

Después de ir a explora Valle Sagrado a principios de mes, la viajera estadounidense Mary Glenn nos envió un mail compartiendo su experiencia con nosotros. Quería agradecernos por lo vivido e invitar a otras personas a ir.

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