José Cruz Ovalle: La Arquitectura de explora Valle Sagrado
Noticias
marzo 18, 2016

José Cruz Ovalle habla de la arquitectura de explora Valle Sagrado

Para explora, un hotel  hace  lugar acompasando el ritmo del paraje en el que se sitúa, poniendo en  relación la proximidad y la lejanía.

José Cruz Ovalle.

 

La forma en la que José Cruz Ovalle habla es pausada y asertiva, articulando oraciones en las que cada palabra parece haber sido tranquilamente seleccionada para cumplir un propósito. Esta asertividad lingüística es sin lugar a duda transversal tanto a su discurso como a su obra, en la que conviven contradictoriamente el propósito y la poesía. Ganador del Premio Nacional de Arquitectura en el año 2012, es justamente esta mezcla la que hace de Cruz un intérprete concienzudo de lugares y a su vez, uno de los mejores arquitectos de Chile.

Caracterizado por una acérrima fundamentación filosófica de entendimiento del entorno, la presencia de explora en cada uno de sus destinos es el resultado de su visión y talento. Hoy nos recibe en su estudio de Santiago de Chile a pocos meses de la apertura de su más reciente obra: explora Valle Sagrado. 50 habitaciones dispuestas en 4 naves emplazadas sobre los maizales aterrazados de una de las haciendas más remotas de la zona, planean consagrarse como el centro desde donde explorar Valle Sagrado en todas sus dimensiones.

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¿Cuál es el rol de la arquitectura en la filosofía de explora?

explora, no es simplemente una compañía de hotelería sino algo más complejo, ya que considera,  simultáneamente,  diversas dimensiones de lo que significa el viaje  y su relación con los lugares. En esta diferenciación yace la clave para entender las particularidades que la distinguen en cada uno de sus destinos y el rol que juega la arquitectura en su visión, puesto que busca una forma de habitar  que revele en cada caso el paraje en el que se sitúa,  enlazando el movimiento y la permanencia, para otorgarle,  por así decirlo,   un  cierto ritmo  al espacio.

explora siempre ha planteado un modo de concebir y de hacer las cosas,  que se traduce tanto en el ethos de su marca como en cada detalle de su operación. Se trata de estar atentos  a la experiencia desde sus diversos ángulos para,  a su vez,  permitir que cada viajero descubra los lugares sin ser dirigido sino, simplemente,  orientado, otorgando, por así decirlo, un equilibrio entre contención y libertad.

En este sentido, la arquitectura de explora es un microcosmos del viaje en sí: desde los accesos a la permanencia, y desde los recorridos hasta los puntos de llegada. Ella es la que entrega esa primera orientación. Al igual que en un viaje, en la arquitectura de explora, quizás,  no haya cabida a lo acostumbrado a lo habitual;  muchas veces las preguntas parecerán responderse  solo a través de pistas, rastros…,  más que respuestas.

¿Cuál es el proceso que vives como arquitecto al proyectar una obra en un determinado lugar?

Cada obra es diferente dependiendo de su propósito. Lo primero que debe hacer un hotel  es mostrar a los viajeros dónde se encuentran para que  se orienten. Orientarse no significa poder distinguir solo sus coordenadas geográficas sino comprender el lugar, percibirlo en una cierta plenitud.  Esto es algo primordial para explora: la admiración por la belleza y la contemplación del entorno. Percibir esta belleza en su plenitud solo es posible en la medida en que se ha comprendido al lugar, abandonando toda pretensión de medirla o parametrizarla, puesto que no tiene parámetro más que sí misma. Es aquí donde entra en juego la arquitectura, ya que en la medida en que el arquitecto haya efectivamente comprendido el lugar, será capaz de descubrir su ritmo a través de un diálogo con su historia, geografía, clima y otras particularidades, dimensionando el “genius  locci” que lo distingue. Siguiendo este ritmo, el arquitecto dará forma a espacios que lo acompasen y que permitan que el viajero, a su vez, pueda percibir la belleza que le rodea. Ese es el proceso que se vive con cada obra: encontrar el ritmo del  acontecer en cada paraje.

¿Cómo fue este entendimiento en el caso del Valle Sagrado?

Podríamos decir que Valle Sagrado es naturaleza enaltecida  por la mano del hombre desde hace siglos,  con obras, huellas, vestigios,  en los que está presente un modo de hacer en el que se conjugan desde  aquellas dimensiones que pertenecen al  trabajo de la tierra  –como los andenes (presentes en el lugar del hotel)-,  hasta aquellas de orden sagrado; en todas ellas  queda en evidencia la relación que tuvieron los Incas con la tierra y el cosmos,  pues no hay que olvidar que para ellos el cosmos representa un orden sagrado. Cada vestigio es una pista.  Pero también  se da algo propio de América:  la  hibridación que aparece, tras la fundación  española,  entre la  arquitectura inca y la que traen los españoles, cosa que puede verse  en la casona Mateo Pumacahua,  que forma también parte del hotel, donde los españoles levantaron la obra sobre el mismo muro inca del andén,  tal como sucede en Cusco.  El hecho de construir hoy una obra no puede sustraerse a la presencia gravitante  de este espesor histórico con el que este hotel busca entrar en resonancia.

Constantemente te refieres a la importancia de la forma en la arquitectura. ¿Cómo se aplica esto a explora?

La arquitectura acoge el habitar  haciendo posible que  los actos cobren forma,  otorgándole al viajero una experiencia singular en cada lugar.  Los seres humanos alcanzamos cierta  plenitud en la medida que le damos  forma a las cosas y a los actos. Para ejemplificarlo: así como  la arquitectura le da forma al espacio,  la música lo hace con el sonido y la literatura con el lenguaje; los ritos y las ceremonias, no  son sino actos que tienen un orden,  porque poseen cada cual su propia forma.  Primeramente la arquitectura, por así decirlo,  ha de advertir los rasgos sustantivos del acontecer para hacerlos esplender en el espacio de una obra. Solo así puede hacer de la vida de un paraje un verdadero lugar. Eso supone desentrañar, cada vez aquella forma que entra en resonancia con aquel acontecer,  con su propio ritmo  que lo hace lugar,   único e irrepetible;  tal es el caso  de Atacama, Patagonia,  Rapa Nui y el Valle Sagrado.  Creo que en este ordenamiento y en este amor por la forma es que se distingue, tal vez la arquitectura de explora.

Un ejemplo de cómo se construye esta forma se tiene en el hecho de que  los viajeros no son introducidos en los lugares de un golpe,  al modo de la vida urbana,  sino que proponemos  siempre un determinado  tiempo y  espacio para acceder a los hoteles. Esta dilatación del tiempo y elongación del espacio son distintas en cada lugar, pero consiguen una aproximación gradual a la experiencia de ese o aquel lugar.

Para explora, es fundamental que su arquitectura permita tanto un viaje externo como uno interno, y por lo mismo no se piensa desde una idea de funcionalidad;  no se trata de funciones sino de actos. Del mismo modo,  cuando  los viajeros están explorando un paraje nuevo,  el lugar que se habita durante un viaje debe ser descubierto paso a paso. Esta expresión  es clave en todo lo que hace explora: abrir la posibilidad de descubrir.

Por todo lo anterior,  los hoteles de explora cuidan integrar sus espacios en una totalidad, por ello no se propone un único cuerpo con áreas comunes, dormitorios,  terrazas, etc.,  sino el hecho de enlazar  espacios más complejos que recojan la posibilidad del movimiento,  haciendo del simple pasar un verdadero  pasear. La arquitectura de explora busca así,  acompañar el ritmo del lugar, motivo por el cual cada obra tiene su propio fundamento en relación al enclave donde está emplazada y a las singularidades de cada paraje.

¿Existe alguna diferencia entre las obras proyectadas en Perú y las proyectadas en Chile?

Por supuesto que existen diferencias, son lugares completamente distintos, pero entiendo que tu pregunta se refiere más bien a un tema de fronteras. Tanto para mí como para explora, no existen las fronteras sino los territorios. Lo que exalta al viajero es la diversidad de América en toda su extensión y vastedad, y esta visión de vida se aplica a los 4 hoteles explora. Son distintos por su territorio, no por su país.

Volviendo a la importancia de la forma, ¿Existe algún grado de paralelo entre las formas del entorno y las que crea la arquitectura?

Por ejemplo, explora Rapa Nui busca revelar  el espacio de esa isla solitaria en medio del Pacífico, sumergida en aquello  que llamé “abismo oceánico”. Si bien no creo que se puedan hacer  analogías,  sí existe un modo de estudiar  por medio de observaciones  que corresponden a una contemplación creativa que busca revelar ese acontecer del paraje más que evocarlo, pues no entra en ello  tampoco la nostalgia. Así como en Rapa Nui se tiene esta realidad de  la isla suspendida en ese abismo oceánico,  que acontece  bajo un  cielo siempre en movimiento, en el Valle Sagrado aparece siempre la relación  de la horizontalidad y la verticalidad, entre los múltiples niveles, sus alturas y altitudes;  es el reino de los Andes con la coexistencia de la montaña y el valle. Dicho esto, creo que es necesario evitar a toda costa la literalidad tan propia de las analogías. Ella engaña  haciendo  creer que se  pueden atrapar estas cosas, cuando en realidad ellas son  esencialmente inatrapables. Una obra de arquitectura no atrapa jamás un lugar solo puede, por así decirlo,  cantarlo. Rimando su ritmo algo puede revelar de esa realidad.

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