Rapa Nui habría sido ocupada hacia el año 600 d.C. por un grupo de colonizadores provenientes, probablemente, de las Islas Marquesas, en el Pacífico oriental.
El poblamiento de la isla está consagrado en un mito, cuyo protagonista es el ariki Hotu Matu’a, primer rey y figura fundacional de la cultura Rapa Nui.
Los hitos de esta prehistoria son el desarrollo del rongo rongo, un sistema de escritura indescifrable, y el culto a los ancestros centrado en los moai, cuya construcción habría comenzado hacia el año 1.000 d.C. y de los que llegaron a erigirse más de 900. Construidos en piedra volcánica y emplazados en grandes altares ceremoniales, los ahu, se les adjudicaba la posesión de mana, fuente de bienes, prestigio y legitimación de la clase dirigente.
La sobreexplotación de los recursos hizo que en el siglo XV la cultura entrara en crisis, cayendo la clase dirigente y el sistema ideológico tradicional. Los moai fueron derribados y se abandonó el culto a los ancestros.
En este contexto arribó, en 1722, la expedición del holandés Jacob Roggeveen, quien divulgó en Europa la existencia de Rapa Nui.
El contacto con occidente fue catastrófico para los rapa nui. Casi un tercio de ellos fue llevado a Perú como mano de obra forzada. Unos pocos lograron volver, introduciendo epidemias que redujeron la población a 111 personas.
En 1888 Rapa Nui fue incorporada a la soberanía de Chile, estableciéndose la Compañía Explotadora de Isla de Pascua, dedicada a la actividad ovina. Debido a los constantes abusos de la Compañía, en 1953 el gobierno dejó la administración de la isla en manos de la Armada de Chile.
EL PODER DEL HOMBRE PÁJARO: EL TANGATA MANU
La crisis general provocó el surgimiento de nuevos líderes guerreros cuyo poder y autoridad ya no era hereditaria, sino adquirida a través de competencias rituales.
La más importante era la ceremonia del hombre pájaro, el tangata manu, realizada todos los años al aproximarse la primavera. En ella, representantes de distintos linajes competían por conseguir el primer huevo de la gaviota manutara.
Los elegidos se reunían en el centro ceremonial de Orongo, luego debían descender por el acantilado y nadar hasta la pequeña isla Motu Nui, conseguir el huevo y traerlo intacto a Orongo. El vencedor era ungido como el Tangata Manu, reencarnación del dios creador Make Make, y obtenía una serie de privilegios.