La fauna marina está representada por 150 especies pertenecientes a más de 60 familias diferentes. Una de cada cuatro especies es visible sólo en este rincón del Planeta.
Estudios recientes indican que la antigua flora de Rapa Nui era mucho más rica que la actual, contándose diversas especies endémicas en la isla.
Las variaciones climáticas y la intensa actividad volcánica registrada hacia 12 mil años, produjeron graves deterioros en la vegetación. Sin embargo, el impacto más violento vino con la llegada del hombre, en el siglo V d.C.
Producto de la introducción de especies invasivas y la sobreexplotación, las especies arbóreas y arbustivas se extinguieron o se redujeron al mínimo. Es el caso del toromiro, la palma pascuense, el sándalo y el toi.
La totora, tallo de origen americano que crece en las reservas de agua de los volcanes, ha logrado sobrevivir desde hace algunos miles de años y es utilizada en muchas de las vestimentas. Lo mismo sucede con el mahute, arbusto usado para confeccionar telas, y el ti, que provee de pigmentos colorantes para teñirlas. De las especies vegetales introducidas destacan también el camote, el plátano y la calabaza.
La presencia de aves y fauna marina ha sido siempre superior a la de mamíferos terrestres. De las aves destaca el gorrión, el tiuque, la perdiz, el pájaro fragata y el ave del trópico, estas dos últimas especies migratorias.
La fauna marina está representada por 150 especies pertenecientes a más de 60 familias diferentes. El aislamiento ha contribuido a que una de cada cuatro de estas especies sea endémica.
El mar que rodea la isla destaca por contar con una de las mayores visibilidades del mundo, de aproximadamente 50 m de profundidad, lo que permite que, sin mucho esfuerzo, se pueda apreciar gran parte de esta exuberante fauna marina.
EL TOROMIRO: LA LUCHA POR SU SUBSISTENCIA
De unos 3 m de altura, el toromiro es una planta endémica de Rapa Nui, descubierta por la expedición de James Cook en 1774.
Por las propiedades de su madera, dura y resistente, fue explotada sistemáticamente para la construcción de viviendas y artículos domésticos y ceremoniales. La crianza intensiva de ganado, especialmente ovino, significó su extinción definitiva en 1956.
Ese mismo año, el explorador noruego Thor Heyerdahl recogió del cráter del Rano Kau algunas semillas del toromiro y las llevó a Europa, donde se cultivaron y se obtuvieron dos plantas madres. A partir de ellas, en la década de los 90’ se intentó reintroducir nuevos ejemplares en la isla, sin mayor éxito.
Aún se conservan algunos pocos toromiros en jardines de Chile y Europa.