La Patagonia comenzó a poblarse de manera más o menos definitiva hace cerca de 8 mil años, cuando bandas seminómadas de cazadores recolectores empezaron a deambular por sus tierras y mares.
Coexistían los kawésqar o alakalufes, los aónikenk o patagones, los sélknam y los yaganes. Todos estos grupos lograron adaptarse a la dureza del entorno, con formas de vida simples, aunque incorporando ricas expresiones religiosas y artísticas.
En 1520, junto con liderar la primera expedición occidental al sur de Sudamérica, Hernando de Magallanes descubrió un paso natural que conectaba los océanos Atlántico y Pacífico. Desde entonces y hasta principios del siglo XX, el Estrecho de Magallanes –bautizado así en honor a su descubridor– se convirtió en la ruta más importante entre estos dos océanos, los más grandes de la Tierra.
La excepcional adaptación y resistencia al clima que lograron las tribus de la zona sucumbió durante el siglo XIX frente a las actividades económicas y las enfermedades introducidas por el hombre blanco.
Durante el siglo XX, los pueblos originarios –por miles de años amos de estos mares y tierras– desaparecieron en el silencio más absoluto. En 1966 y con cerca de 90 años, murió Lola Kiepja, la última chamán sélknam que vivió íntegramente de acuerdo a su cultura ancestral.
A fines del siglo XIX e impulsada por la demanda de lana de la industria textil británica, la economía de la Patagonia se concentró en la actividad ganadera, especialmente ovina. En los extensos valles verdes de la pampa se establecieron grandes propiedades agroganaderas o estancias, muchas de las cuales permanecen hasta el día de hoy.
VELEROS DEL FIN DEL MUNDO: LOS CAP HORNIER
El Cabo de Hornos –punto más austral de Tierra del Fuego– fue descubierto en 1616 por el explorador y comerciante holandés Jacob Le Maire, buscando una ruta alternativa al Estrecho de Magallanes, bajo dominio español, para comerciar con el lejano Oriente.
Con el tiempo, los oleajes y vientos descomunales de este paso lo transformaron en una prueba de fuego para los más avezados navegantes del mundo.
En 1937, en el puerto francés de Saint Malo, se fundó la primera Cofradía de Capitanes Cap Horniers.
Ésta reunía a un selecto grupo de navegantes que, con más coraje que tecnología, compartían la hazana de haber cruzado el Cabo de Hornos impulsados sólo por la fuerza del viento.
El espíritu de Saint Malo y su celebración de la lealtad, valentía, decisión y don de mando, se propagó luego a Chile, Australia, Finlandia, Inglaterra, Nueva Zelanda, Noruega y Holanda.