Cerca de 500 especies animales viven en la Patagonia: 400 aves, 60 mamíferos y un conjunto de anfibios, peces y reptiles, además de una enorme e indeterminada cantidad de insectos.
La vida natural en el fin del mundo es abundante y sorprendente. Por miles de años, diversos animales y plantas se han adaptado al territorio y evolucionado en medio de fuertes vientos, bajas temperaturas y lluvias incesantes.
El Parque Nacional Torres del Paine, por sí sólo, es hábitat natural de 105 tipos de aves, entre las que se cuentan cóndores, ñandúes, flamencos, bandurrias, cisnes de cuello negro, águilas, loicas y cachañas. También viven aquí 25 especies de mamíferos, algunas abundantes y visibles a corta distancia, como guanacos y zorros; otras en peligro de extinción y sólo visibles en algunos sectores, como el huemul y el puma.
Existen cerca de 2.500 especies vegetales, desde formas muy sencillas (algas, líquenes, musgos u hongos) a árboles frondosos (lenga, coihue, alerce y ñirre), pasando por formas intermedias como helechos, pastos y arbustos.
Desde la pampa hasta los frondosos bosques de la cordillera, la flora es intensa y variada, con muchas especies endémicas.
UN CAZADOR SILENCIOSO: EL PUMA
El Parque Nacional Torres del Paine es hábitat natural del puma de la especie Concolor Pearsoni, un felino solitario, sigiloso y territorial. Sus excelentes olfato y visión nocturna le permiten cazar una amplia variedad de presas: roedores, conejos, guanacos, pudúes y huemules. Como todos los de su especie, es un hábil trepador y puede alcanzar altas velocidades en distancias cortas.
Generalmente habita zonas de montaña, pero en invierno (mayo-agosto) las nieves lo obligan a bajar a los valles, produciéndose en esa época el mayor número de avistamientos.
Hoy es considerada una especie amenazada, por lo que su caza está prohibida en Chile. En Torres del Paine, la densidad poblacional del puma se ha incrementado en las últimas dos décadas y es una de las más altas del país, llegando hasta 12 ejemplares por cada 100 km2.