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Los oasis de Atacama, en medio del desierto más árido del mundo, tienen una particularidad que los hace únicos: están situados a 2.500 msnm. Por esta razón tienen un clima muy agradable todo el año y están en unas coordenadas donde la luz, la transparencia y el aire les dan un carácter especial. Todo lo que aquí se vé es diáfano y diferente, y la loca geografía que rodea el lugar –con volcanes, salares y humedales– adquiere entonces su atractivo único.
El programa de explora EN ATACAMA, cuyo centro es el Hotel de Larache en el oasis de San Pedro, se desenvuelve en medio de una fantasía donde la exploración –el salir y el volver al oasis– adquiere un contorno especial.
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Pero el oasis de San Pedro es sólo una antesala. Es aquella última parte donde la vida humana es aún posible, donde el visitante todavía es acogido. A medida que uno se aleja de San Pedro para dirigirse al altiplano y los volcanes, se puede percibir verdaderamente lo remoto, se experimenta un mundo completamente diferente, un lugar indómito lejos de la civilización tal como la conocemos.
El altiplano es más una metáfora que una entidad geográfica. Más que una exploración física, el viaje hacia el altiplano es una exploración espiritual dentro de uno mismo, en un mundo que no es terrenal. El altiplano muestra que detrás de la complejidad de la vida existe una simplicidad que nos llama a "reconsiderar nuestro lugar dentro del gran esquema de las cosas". Y esto es lo que hace que el viaje a Atacama sea tal vez lo más magnífico que uno haya podido realizar.
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